De prácticas de lectura e hipertextos

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        En su libro “Leer y escribir con las nuevas tecnologías” Fernanda Cano se pregunta: “¿Cómo leemos y escribimos cuando nos manejamos en el mundo del papel? ¿Cómo leemos y escribimos cuando navegamos en Internet, cuando abrimos un archivo digital, cuando enviamos y recibimos correos electrónicos? ¿Qué implica ese modo de ir de un texto a otro, de una imagen a un texto a través de una serie de pantallas?” Sus investigaciones concluyen que las nuevas tecnologías no solo cambiaron el soporte (del libro de papel al libro digital) sino que el cambio fue más profundo al transformar las prácticas de lectura y escritura. Roger Chartier analiza estos cambios en clave de revolución: revolución de la técnica de producción y de reproducción de textos, revolución del soporte de lo escrito y revolución de las prácticas de lectura. La tecnología que impuso la razón digital ha convertido a la pantalla en su principal soporte de visualización, compitiendo directamente con el libro de formato papel, hasta aquí considerado hegemónico como vía y soporte del conocimiento. Es así como el paso de los medios lineales (analógicos) a los medios no lineales (digitales) cambia la producción y el acceso al contenido informacional, pero también la forma en que se expresan los contenidos, conformando nuevas escenas de lecturas que debemos reconstruir. 

Hipertextualidad

       A partir el siglo XXI la cultura digital impone su característica de ser multimodal, ya que se expresa, produce y distribuye a través de múltiples tipos de soportes, mediante tecnologías diferentes y utilizando distintos formatos y lenguajes representacionales. Según Walter Ong, “con las tecnologías digitales apareció también un nuevo tipo de tecnologización de la palabra: las computadoras hicieron emerger un texto en cuya estructura se incluyen vínculos con otros textos relacionados”1 El hipertexto es un discurso cuya estructura se desglosa a partir de palabras o frases que, presentes en un texto dado, se vinculas a otros textos o segmentos del mismo texto. El formato digital es el reino del hipertexto ya que permite maximiza la posibilidad de relacionar textos a través de los vínculos o enlaces, interrumpiendo la tradicional lectura lineal hegemónica de la cultura del libro de papel. En la hipertextualidad el lector no tiene la obligación de seguir la linealidad propuesta por el autor, convirtiéndose en un lector activo y partícipe de la estructura del discurso, ya que al elegir utilizar o no los enlaces, va armando su propia secuencia de lectura. Se favorece entonces un tipo de práctica de lectura de tipo extensivo, que transforma la acción de leer en la de leer / navegar a través de los enlaces. Es un nuevo modo de interactividad texto – lector, ya que el protocolo de los servicios de internet demanda la intervención activa del usuario: para apropiarse de los hipertextos, el lector interviene como internauta conectando los enlaces que se le ofrecen. Este tipo de lectura a través de las pantallas es fragmentario y no integral, prefiriendo textos breves y con inclusión de múltiples elementos multimediales; no requieren una lectura exhaustiva sino más bien selectiva. El lector / navegante encuentra formas de textualidad no secuencial en las que convergen bloques de contenidos (palabras, imágenes, sonidos) vinculados en trayectorias o recorridos que ofrecen una estructura abierta, inacabada y susceptible a la elección de los usuarios en función de sus intereses, necesidades y habilidades específicas.


¿Y en la escuela...?

       En general las prácticas de lectura que se impusieron con la hegemonía del libro impreso (asociada a la razón gráfica) y la correspondiente a la hipertextualidad (asociada a la razón digital) se presentan como antagónicas. Pero en la actualidad encontramos que estas prácticas de lectura y escritura conviven según los diferentes contextos y recursos involucrados. Pensando específicamente en la cultura escolar, vemos como la práctica de lectura y escritura del texto impreso se ve afectada y debe competir / convivir con otras prácticas, en especial con la lectura hipertextual. De allí que resulta urgente y necesario responder al interrogante planteado por Cano “¿qué de esos cambios en las formas de leer y escribir es conveniente que consideremos cuando pensamos cómo enseñar a leer y escribir hoy en la escuela?

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Pensando en Innovación Educativa

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¿Qué es innovar en educación? Esta es una pregunta ineludible a la hora de reflexionar sobre la educación y las TIC, pero la tarea no es sencilla ya que las respuestas que encontremos son sumamente complejas. ¿Innovar o transformar? Numerosas investigaciones señalan la urgencia de pensar un sistema educativo diferente al que tenemos, donde la incorporación de las TIC al aula aparece como elementos fundamentales del cambio y de la innovación educativa. Partiendo del hecho de que en nuestras vidas cotidianas vivimos atravesados por el uso de TIC de diversa naturaleza, debemos reconocer que éstas ya entraron al aula de la mano de nuestros alumnos. Por lo tanto no solo es una buena idea incorporarlas a nuestra práctica docente, es una necesidad. En este sentido, parecería que lo más complejo es cómo lograrlo: precisamos recursos, capacitación, tiempo, práctica, etc. Pero un aspecto esencial es preguntarnos: ¿qué nuevas tecnologías vamos a incorporar? ¿quiénes decidirán y cómo serán elegidas? ¿Qué pensamos los docentes al respecto?  ¿Y los estudiantes? El tema está atravesado por múltiples intereses que no solo tiene que ver con lo educativo, hablamos de intereses económicos, sociales, políticos y culturales, etc. Por ejemplo, si tuviéramos que decidir entre software libre o pago, ¿qué elementos influirían en nuestra decisión?

Si pensamos que la brecha digital se refiere solo a la posibilidad de acceder a computadoras y a internet, entonces las propuestas de dotar de equipamiento y conexión a todas las escuelas estarían solucionando el problema, por lo menos en cuanto a educación se refiere. Pero el concepto de brecha digital también da cuenta de las competencias y/o habilidades que necesitamos para desarrollarnos plenamente en esta sociedad de la información. Entonces ¿basta con las computadoras? Es cierto que muchos de nosotros sufrimos la falta de estos recursos en nuestras instituciones educativas, pero también encontramos escuelas donde existen salas de informática cuyos recursos son utilizados nada más que en las horas específicas de la asignatura computación. El resto del tiempo están vacías y solitarias. ¿Por qué? Transcribo algunas de las respuestas escuchadas: “… porque no tenemos personal y los alumnos no pueden quedarse solos con equipos tan caro; ¿porque no tenemos personal que vigile a los alumnos cuando navegan por internet; porque cuando están con las computadoras son muy ruidosos y molestan a los demás cursos; porque solo vienen con el profesor de computación, con los otros profes no las usan…”  Todas las respuestas son dignas de un análisis más profundo, pero quisiera quedarme con la última, pero en principio el punto en común que tienen todas es que siempre tienen que ver con los estudiantes, y entonces es válido preguntarse por los docentes, ¿por qué los docentes no utilizan estos recursos? Esto es central, porque más allá de la disponibilidad de los recursos y las competencias y habilidades de los estudiantes, cualquier innovación educativa no se construye de arriba para abajo por imposición, debe ser un trabajo de en conjunto donde los docentes tengamos un papel protagónico real. 

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